<Peluquería Francesa - Boulevard Lavaud, Restaurant, Bar, Café, en Santiago de Chile

Para Conocer y Disfrutar

Antiguo almacén, ya el nombre lo dice todo, un lugar que se nos aparece desde su arquitectura original, noble y sencilla, con su inserción amable en un entorno tradicional. Al despejarlo de la huella del tiempo con cariño y dedicación y un alhajamiento concordante con los almacenes de barrio de antaño, hace que los olores, sabores y colores de entonces reaparezcan vibrantes ante los ojos del visitante.

En su interior encontramos los mismos productos con que se abastecían las cocinas y reposterías de siempre y que continúan deleitándonos en el presente. A esta impronta se agrega la creación y elaboración de nuevos ingredientes y creativas propuestas; saludables, orgánicas y gourmet, para crear y recrear en cualquier cocina, mesa 0 salón, las actuales tendencias gastronómicas.

Dulces Surtidos

I
Estrechas cajoneras con tapas abatibles pintadas de un añil envejecido había en el almacén de barrio de mi infancia donde solía comprar dulces surtidos.

En ellas se guardaban sin remilgos, infinidad de menestras a granel; chuchoca, harina, azúcar blanca y rubia llevadas con puruña a la balanza y envueltas con destreza en cuadrados de papel.

Era todo un arte el envoltorio. Nunca me cansó su ritual, por repetido; esperaba el ágil movimiento de los dedos, unas vueltas y un par de cachitos retorcidos.

II
Quisimos con mi hermana, alguna vez, en tanto la abuela corta siesta cabeceaba, imitar aque1jueguito del paquete con azúcar o sal escamoteada.

El resultado? Desastre con revuelo de esparcidos papeles arrugados mientras íbamos pisando por el suelo con jolgorio el crocante desparramo.

Pero me estoy dejando ir, suelta la mente por las mallas que teje el pensamiento. Volvamos al recuerdo del negocio que es, al fin, el tema de mi cuento.

III
En el centro se situaba el mostrador, de estructura maciza con molduras, y con su cubierta manchada desde siempre con pringue inde1nido y briznas de verdura.

Sobre este, y a un costado, mi delicia... frascos barrigones develaban los colores de unos caramelos de tronquitos cortados en sus caras como flores.

Se guardaban también los camotillos, corno cascotes, tiesos y glaseados, las graciosas pastillas pololeo y el anís listado de rosado.

En el lado opuesto, un molinillo de café que tenia rueda roja con manilla mientras un cajón mal ajustado, la fragante molienda recibía.

Había también en un rincón grandes tambores con sus bombas, para mi muy misteriosas que subían, haciendo gorgoritos un aceite dorado y muy viscoso.

IV
En estanterías no muy llenas convivían las conservas de atún y de tomate, junto a un revoltijo de fragancias en que descollaba el olor a hierba mate.

uevitos de color en cestos suspendidos, colgaban de unos ganchos acerados junto a un enorme cuadrado de tocino, y una sarta de chorizos en secado.

Detrás de unos canastos con vientres generosos que acunaban papas morenas y cebollas colorinas, se afirmaban entre ellos, corno amigos en farra, los sacos de castañas, de legumbres y sal fina que ellas contenían.

Apilados canastillos de alambre resguardaban las botellas de vidrio en que la leche se vendía, con tapas de color azul o rojo que indicaban el grado de gordura que ellas contenían.

Alumbraba esta escena singular la luz mortecina de un tubo fluorescente en que aún quedaban ensartadas un par de desteñidas banderitas de papel olvidadas de una fiesta de septiembre.

V
Su dueña, Doña Pura era persona ancha en el cabal sentido de la palabra. Ocupaba un gran espacio en su negocio y en la comunidad que le rodeaba con sus delantales impecables con pechera se movía sin prisa en ese tiempo, en que la conversación, más importante era que la actual relación tiempo - dinero Casi iletrada pero aguda, sacaba cuentas con velocidad pasmosa como buena campesina, un tanto socarrona, pero siempre compasiva y generosa.

VI
Que será hoy de aquel almacencito? Sin duda que el progreso lo ha barrido, en su lugar habrá un supermercado, grande, impersonal, y concurrido. Con sesudos estudios de mercado y estratégicamente abastecido.

Sus productos serán limpios e intocados higienizados como manda el reglamento, envasados al vacío, rotulados con códigos de barra y vencimiento.

VII
Cuando a veces me visita la nostalgia y me interno por caminos recorridos, regreso a aquel recodo de mi infancia y con una monedita imaginaria, me detengo a comprar dulces surtidos...

Diciembre 1994 /
por Sonia Oyarzún Iglesias de Lavaud