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Artículos de Interés
sep
Ha llegado un nuevo vecino al barrio: Museo de la Memoria
El 10 de diciembre de 2008 la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, puso la primera piedra del proyecto y este enero del 2010 lo inauguró.

La base de su patrimonio es el conjunto de fondos documentales declarados por UNESCO como parte del Programa Memoria del Mundo, específicamente aquellos de los organismos reunidos en la Casa de la Memoria: Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE) y Teleanálisis.
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Incluye también colecciones, en diversos formatos y soportes, provenientes de otros organismos de derechos humanos en Chile y el extranjero, organizaciones de víctimas y familiares y colecciones personales. Archivos documentales, testimonios orales y escritos, documentos jurídicos, cartas, relatos, producción literaria, material de prensa escrita, audiovisual y radial, largometrajes, material histórico y fotografías documentales.

El edificio se construyó en la calle Matucana esquina de Catedral, situado a pasos de la estación del Metro Quinta Normal, por el que circulan diariamente alrededor de 57.000 personas. En este barrio se ha ido creando un circuito cultural que incluye al Centro Cultural Matucana 100, a la Biblioteca de Santiago, al Planetario, Museo de la Educación, Museo de Historia Natural, Artequín, museo de arte popular americano, el MAC además de otros museos y universidades.
La propuesta arquitectónica del Museo estuvo a cargo de un grupo de profesionales de Sao Paulo, Brasil, integrado por los arquitectos Mario Figueroa, Lucas Fehr y Carlos Dias.

La estructura del edificio consiste en una barra transparente a la que ingresa la luz natural, que esta revestida de cobre y frente al Museo se desarrolla una explanada donde se realizan manifestaciones sociales y culturales, y donde irá emplazado un memorial del artista Alfredo Jaar. Consta con una gran nave para exhibiciones, ciclos de cine y obras de teatro, un área administrativa, una biblioteca, un centro de documentación y aulas donde se difundirán conocimientos que estimularán la reflexión y valoración de los derechos humanos.

Sobre el proyecto museográfico:
  • El contenido de la muestra estable contempla un relato histórico y colecciones de objetos, fotografías y documentos que forman parte del patrimonio del Museo.
  • Otro espacio importante está destinado a las actividades de extensión, donde se contemplan muestras de cine, seminarios y charlas, entre otras. Esto, además de exposiciones transitorias, muchas de las cuales tendrán carácter itinerante, porque recorrerán las diferentes regiones del país.
  • En el Centro de Documentación los visitantes tendrán acceso a material en distintos formatos, destinados al conocimiento y la reconstrucción del pasado reciente de Chile.
sep
Visita Real en el Boulevard-Lavaud
Pierre André ablaude, Arquitecto jefe de los monumentos Históricos del Ministerio Francés de Cultura y restaurador de los jardines de Versalles y del Trianon realizó una visita Chile y llevo a cabo una intensa agenda de trabajo en la ciudad de Santiago, acompañando con su visión y experiencia a los arquitectos de la SEREMI Metropolitana de Vivienda y Urbanismo, institución que trabaja en un proyecto Bicentenario que busca revitalizar el parque Quinta Normal.

“Cuando uno trabaja sobre el patrimonio, se enfrena a obras creadas por gente con mucho más talento que uno mismo”, dice en su primera visita a Chile Pierre André Lablaude quien ha pasado toda su vida ligado a las ciudades antiguas, entre monumentos y jardines históricos.

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Hoy vive y trabajo en el castillo de Versalles, en uno de sus 200 alojamientos; y es el encargado, hace ya veinte años, de restaurar los jardines, parques y edificios asociados a esos dominios.

Autor de cuatro libros y comisionado por la Unesco para el estudio de sitios históricos en lugares de riesgo, Lablaude también realiza misiones de expertizaje en distintos puntos del planeta. Lo ha hecho en Angkor, Camboya, en los jardines del Palacio de Verano de Pekín, China; en el centro histórico de Belén, Palestina, y hace algunos meses en el gran parque santiaguino: La Quinta Normal.

Para Lablaude hay elementos de gran calidad en términos de organización del espacio, de edificios u calidad de especies vegetales. Al ver las fotos de la quinta normal de año 1900 uno ve algo magnífico: un parque republicano que pone a disposición del público lo que antes estaba reservado a príncipes y reyes; con composiciones de jardines a la francesa y también a la inglesa. Me parece necesario recuperar esa fuerza, riqueza y coherencia compositiva que buscaron quienes crearon este jardín hace más de un siglo. Pero quedan ciertos elementos muy degradados y otros parásitos que no tienen nada que ver con su concepción original. Hay mucho trabajo por hacer: conservar la vegetación y edificios de calidad, y eliminar algunos elementos verdes, construcciones y funciones que no tienen nada que ver con la Quinta.

Este parque santiaguino tiene un valor patrimonial, histórico e identitario único para la sociedad chilena. Más aún la restauración de sus dominios es perfectamente compatible con el uso cotidiano que la gente hace de él. Por sus dimensiones puede acoger a todos quienes quieran visitarlo, y recuperar estos lugares es responder a una necesidad popular, a un llamado por volver a la naturaleza que se opone al excesivo crecimiento urbano. “Hay que evitar que los jardines sean patrimonio de segunda clase”, dice Lablaude.

El 18 de septiembre de 2010 Chile celebrara el Bicentenario, y la Quinta Normal será parte del centro neurológico de festivales, en las cuales Pierre André Lablaude será uno de los invitados de honor, además que no se descarta que sea parte del equipo de trabajo que se encargara de diseñar y llevar a cabo las nuevas obras de hermoseamiento del área verde de la calle Matucana.
sep
CANTINERA SARGENTO IRENE MORALES INFANTE 1865 -1890
La participación de las mujeres en la Guerra del Pacífico fue activa y se centró en tres ámbitos: el aporte económico, el cuidado de los enfermos, y, como cantineras, marchando junto al Ejército, haciendo ¡as veces de sirvientes, enfermeras y valientes soldados. Las mujeres apoyaron a nuestro país confeccionando uniformes y camisas para los soldados. Otras fueron cantineras, o enfermeras, de los soldados en campaña.

Nació en La Chimba, barrio del Mapocho, el 1 de abril de 1865. Fue hija de Ventura y Marta. Siendo muy joven perdió a su padre, debiendo trasladarse con su madre al puerto de Valparaíso, donde aprendió el oficio de costurera con el que se ganaría la vida.

En 1877 y cuando Irene tenía solo doce años, su madre la casó con un artesano mucho mayor de edad. Al poco tiempo debió sufrir la pérdida de su madre y de su esposo.

Huérfana, viuda y sin familia, tomó rumbo a Antofagasta, donde a los catorce años volvió a casarse con Santiago Pizarra. En una de las tantas riñas con la policía bolivia¬na, su marido da muerte a uno de sus atacantes, siendo ajusticiado por las autoridades del litoral. Irene Morales lo encontró sin vida debajo de un farol, y es ahí donde jura venganza, siendo de las primeras en acudir a los regimientos al estallar la Guerra.
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Corrían los días de la Guerra del Pacífico y la llegada de la Escuadra chilena a las
costas del Norte, cambiaría su vida por completo. Su triste y solitaria existencia la llamó a servir a los demás y a su patria. Las penas que debió enfrentar aceleraron su carácter, permitiéndole entrar a la historia de las mujeres de Chile.

Hizo derroche de coraje y terminado cada combate, se entregaba a la tarea de cantinera; abnegada y tierna, curaba a los heridos y enfermos y les servía, a veces, un rancho improvisado.
El General en Jefe, Manuel Baquedano, supo de sus hazañas. La mandó llamar y la autorizó oficialmente para que vistiera el unifor¬me de cantinera y a la vez le otorgó el grado de Sargento.

Dice la leyenda que ella fue la primera mujer-soldado que entró en Tacna entre los punteros de la avanzada del Regimiento de Caba¬llería CARABINEROS DE YUNGAY, jinete en un brioso mulato, llevando su arma con la diestra en alto, gritando "Viva Chile".

Pasados los años y pese a los quebrantos físicos y a su indigencia, el 7 de octubre de 1888, día en que se inauguraba el monumento al "Roto Chileno" en la Plaza Yungay, en homenaje a la bravura del ejercito que participó en la Guerra contra la Confederación Perú- Boliviana, la cantinera Irene Morales llegó, a duras penas al justiciero acto patriótico. Su presencia no pasó inadvertida y al ser reconocida, todos los asistentes la vitorearon y aplaudieron con el mayor de los entusiasmos. Era lo menos que se merecía y fue el último y el mayor que recibió.

El 25 de agosto de 1890, la valiente y abnegada "monja de la caridad", como se la llamó, entregó su alma a Dios en la sala común de un hospital.

Sus restos se encuentran en el mausoleo militar del Cementerio General.
sep
Día del Roto Chlileno - 172 años de história - Desde 1839 al 2011
La segunda / Por Germán Becker Ureta
Se celebra, una vez más, 20 de enero, esta fiesta popular de antigua data en Chile, que honra un hecho de armas de nuestro Ejército: la Batalla de Yungay, en 1839.

Esta victoria del general Manuel Bulnes puso fin a la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, que encabezaba el mariscal Andrés de Santa Cruz. Las pretensiones del líder altiplánico eran reeditar el imperio de los incas, que, como es sabido, limitaba al norte con Quito, y al sur en nuestro territorio con el río Maule. Sin duda estos planes significaban un real peligro para Chile. El mestizo Santa Cruz era audaz y de gran astucia, incluso había conseguido la buena voluntad de potencias europeas. Tanto es así, que durante el conflicto sus tropas eran movilizadas a bordo de buques de la escuadra inglesa. El gobierno chileno, encabezado por el general Joaquín Prieto y el preclaro Diego Portales, captó este riesgo y buscó todos los medios que hicieran abortar este afiebrado anhelo. El último recurso fue declarar la guerra. Delicada acción, puesto que la idea era impopular, tanto en el nivel ciudadano como en los círculos políticos. En 1837 se iniciaron las hostilidades. El comienzo fue duro y engorroso. Por ese motivo el ministro Portales decidió partir hacia Valparaíso a despedir personalmente al Ejército expedicionario. A su paso por Quillota, fue apresado y luego asesinado.

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A los dos años de iniciada la guerra, se produjo la batalla que recordamos, y finalizó la contienda, con el triunfo de nuestras huestes. Los historiadores señalan que la victoria en Yungay fue el fruto de las notables dotes de conductor militar del general Bulnes, y la capacidad guerrera del soldado chileno. El nombre de Yungay, aquella lejana comarca del territorio peruano, se incorporó al alma nacional. Un himno canta a esa gesta: "Cantemos la gloria del triunfo marcial, que el pueblo chileno obtuvo en Yungay". Con versos de Manuel Rengifo y la música de José Zapiola, fue estrenada por el Presidente Prieto, en lúcida ceremonia en la Casa de Gobierno. Hoy día la gente se reúne en la Plaza Yungay, al pie del monumento al Roto Chileno, obra del insigne escultor Virginio Arias. Hermosa tradición, que todos los artos hermana a personas de muy distinta condición. La estatua también tiene su historia. Cuando Arias estaba becado en París, la modeló teniendo como inspiración la figura de Justo Estay, aquel arriero chileno que colaboró con el Ejército Libertador en el paso de los Andes, durante la lucha por la Independencia. La estatua obtuvo premios en exposiciones europeas. Posteriormente, en plena Guerra del Pacifico, cuando nuestras fuerzas obtenían victorias, la imagen de Chile, en el viejo continente, era mala; sectores interesados propalaban toda suerte de calumnias. El embajador de Chile en Francia, don Alberto Blest Gana, tuvo la iniciativa de exhibir algunas obras de arte de creadores chilenos, y le solicitó a Arias la escultura del arriero. Tiempo después, el gobierno chileno adquirió la estatua, para que presidiera la Plaza Yungay, y hermanara tres acontecimientos históricos chilenos. Durante mucho tiempo, uno de los momentos estela¬res del acto cívico del 20 de enero era una pieza oratoria que pronunciaba un vecino del barrio Yungay. Este patriarca se llamaba don César Rossetti Sessarego. Su vasta cultura, sensibilidad, y amor por Chile eran recibidos con verdadera devoción por el amplio auditorio. Él puso un almacén cerca de la Plaza, mudándose posteriormente a Libertad con Catedral. Este almacén de barrio pasó a ser famoso porque en la trastienda funcionaba una tertulia, moderada por don César, y en la cual participaban, sentados en modestos cajones, Eusebio Lillo, Estanislao del Canto, los generales Soto Aguilar y Diego Dublé Almeida. Otros connotados eran los escritores Alfredo Irarrázaval Zañartu, Paulino Alfonso y Juan Agustín Barriga. Otro predilecto amigo de Rossetti era el general alemán Emilio Kömer, quien le pedía algunas herramientas prestadas para trabajar en su quinta del barrio. César Rossetti Sessarego, patriarca del barrio Yun-gay. Este 20 de enero no estará su voz, pero sí el recuerdo de quien asoció su palabra a un gran momento de nuestra historia: la victoria de Yungay.

Diario La Segunda, 20 de enero 2006.
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Villa Yungay
El Mercurio
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