El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
 
Síguenos en:
 

pie www.webside.cl www.webside.cl
Nuestra Historia
separador
peluqueria francesa La peluquería Francesa funcionaba en 1868 en la calle Santo Domingo, frente a la Plaza Yungay, a cargo de tres maestros peluqueros franceses. Ellos atendían al personal del consulado y a conspicuos vecinos del barrio, quienes acudían a cortarse el cabello y a hacerse rasurar solicitando les conformaran las famosas “peras napoleónicas", de gran boga en esos días.
En 1918 se notificó la demolición del edificio y la peluquería debió trasladarse a Santo Domingo entre Libertad y Esperanza. En 1925, a causa de un incendio, se mudaron nuevamente a Compañía de Jesús, esquina Libertad, a un hermoso edificio clásico de dos pisos, con puertas de acceso a ambas calles, ubicación que se conserva hasta hoy. Cristian Lavaud Oyarzún, nieto del fundador, creó este lugar de encuentro para aquellos que buscan entretención y propuestas distintas y novedosas. En el mismo sitio se conjugan la historia de un barrio, la buena cocina, el arte y la oportunidad de adquirir alguna pieza o curiosidad, ya que casi todo lo que está expuesto o en uso se puede comprar.
separador
Restorán Histórico
El Mercurio 2007 / Por Miguel Laborde

Tiempo de ir pensando en el retorno a la ciudad, tiempo de mirarla con ojos positivos y celebrar a quienes trabajan por ella. En el Barrio Yungay, con origen en el siglo XIX, todavía se conserva la Peluquería Francesa con sus grandes sillones, corte con navaja, uso de paños calientes y talco, lo que permite asomarse a ese Santiago de cuando los caballeros elegantes pedían barbitas o “peras” napoleónicas para no quedarse atrás de las modas galas. Es un verdadero salón, de grandes espejos, pintoresco.
Propiedad de franceses como su nombre lo indica, uno de sus descendientes, Cristián Lavaud Oyarzún, tuvo la audaz idea de sumarle bar, restorán y venta de antigüedades, las que por lo demás se encuentran repartidas en toda la casona, generando espacios muy variados de mobiliario antiguo. Algunas piezas tienen origen histórico, desde unas puertas del Presidente Balmaceda en adelante, para dar un paseo por la historia que incluye publicaciones de época y curiosidades varias, como los antiguos secadores de pelo, grandes y profesionales, hoy transformados en lámparas.

Leer más...
El bar restorán era una apuesta que funcionó, por su cocina y tanto más por estar en el segundo piso, mirando ese barrio de casas y patios, en sillones cómodos y antiguos, en espacios casi privados ocupando lo que fueron los dormitorios. Hoy por hoy, hay que reservar mesa.
Bien por el descendiente de este francés que vino en el siglo XIX para asesorar viñedos de Lontué, y que murió joven por una enfermedad bronco pulmonar; su viuda y su hijo, buscando el sustento, entraron a trabajar en la elegante Peluquería Francesa de la Plaza Yungay. Luego, casada ella con el propietario, Monsieur Tauzan, y demolido el lugar que arrendaba, se instalaron muy cerca en el mismo barrio hasta 1925, cuando un incendio hizo arder el local. Desde entonces, sumándole más tarde un salón de belleza, la Peluquería Francesa atiende en la esquina de Compañía de Jesús con Libertad, en un edificio neoclásico y sólido que ennoblece el sector.
En diversos rincones surgen vitrinas y muebles asociados a las antiguas peluquerías, la mayoría conservados por los propios Lavaud que descienden del enólogo inmigrante, estando en la peluquería, desde 1982, a cargo de un maestro llegado de Osorno, Manuel Cerda, quién nunca dejó de trabajar “a la antigua”. Con artistas fieles, extranjeros que llegan por dato o por indicación de sus gruesas guías de viaje. Es uno de los rincones más inesperados de Santiago Poniente.
barbero
separador
Un lugar con Historia
Soledad Martínez, el Mercurio 2006

Debe ser uno de los locales con la ambientación más original de Santiago, pero no por los recientes alardes de diseño futurista sino, al contrario, porque abarca buena mesa, antigüedades y hasta la centenaria Peluquería Francesa en pleno funcionamiento. El nieto de su fundador recuperó y adaptó el edificio y en una inédita alianza ha instalado junto con ella los comedores distribuidos en dos pisos. Casi todos los curiosos objetos de la época están a la venta y en ocasiones las mesas invaden la peluquería fuera de sus horas de atención. La oferta culinaria en ese espacio sorprendente y grato comienza al desayuno y dura hasta la noche, salvo el Domingo.
En el almuerzo había menú de precio fijo y numerosos platos livianos: tablas y tapas, quiches y tartaletas, ensaladas y sándwiches, además de las recetas principales. En la mesa, pan de nueces y paté, mantequilla y mayonesa. Buen pisco sour seco y suave amaretto con naranja.

Leer más...
Pedimos tartaleta de alcachofa en rica masa servida con ensalada. Entre los platos de fondo probé salmón en papillote y coq au vin. El primero traía una gran presa envuelta, algo seca y con pocos mariscos, y se acompañaba de un correcto puré de espinacas a la crema. Más interesante me pareció la versión un tanto simplificada (hay tantas que no se puede exagerar en ello) del pollo (ya no gallo) al vino. En este caso, un trutro doble, sabroso por la intensa salsa de vino tinto con profusión de verduras picadas en ausencia de otros de los ingredientes clásicos, y con la compañía también innovadora de un molde de risotto con champiñones. Los postres fueron un fino y tampoco muy ortodoxo tiramisú de la casa, y créme brulée de suave textura similar a la de una mouse, cubierta por un acaramelado más ligero de lo habitual. Café expreso, de entre gran cantidad de variaciones con y sin licor. Vino cabernet sauvignon reserva 2003 Toro de Piedra, del valle de Curicó. Los precios son, como se puede apreciar, felizmente moderados.

separador
Un disfraz para la gran fiesta de 1912
Emilio Lavaud Lamothe, hijo de inmigrantes franceses que habían llegado en 1891 para trabajar en la empresa vitivinícola, había nacido en 1896. A los l6 años arrienda un hermoso disfraz de trovador y acude a un estudio fotográfico para tomarse esta imagen. Estaba invitado a la gran fiesta de octubre de 1912, y su presentación debía ser perfecta.

A la muerte de su padrastro Victorino Tauzan, que había fundado la Peluquería Francesa en el republicano barrio Yungay, asume el mando en esta empresa que lleva 142 años de funcionamiento.
5
Lattanzi en el Barrio Yungay

El pintor Aristodemo Lattanzi Falabella creció en el sector a principios de siglo, cuando era el barrio preferido de los artistas e intelectuales. Tiene buena memoria el pintor Lattanzi. Nada le cuesta recordar sus visitas al dentista Oscar Bezanilla, el del barrio Yungay, pionero en la importación de placas con "alma de acero". Las antiguas eran quebradizas, la gente mordía con miedo. Para mostrar la resistencia de las suyas, de acero Krupp, se bailó una cueca sobre ellas. Su tratamiento normal era con óperas: tocaba "Aida" para las extracciones, dejando la marcha para que no se oyeran los gritos, o el salvaje dúo de 'Il travattore". Al pasar la máquina lenta y exasperante, ponía "El Barbero de Sevilla". Aristodemo Lattanzi Carrafa -su padre, pintor- tuvo su primer taller en Herrera con Compañía; después se trasladó a la altura del 600 de calle Libertad, siempre en el barrio. Éste le gustaba desde niño. Le tocó cantar entre los escolares, cuando se inauguró la estatua del "Roto Chileno", frente a Balmaceda y al general Baquedano. Con el patriotismo de los niños de entonces, nunca lo olvidó.

Leer más...
A principios de siglo el barrio estaba de moda. Por su arquitectura, sus personajes y por la vecindad de Quinta Normal.
Todo el mundo iba a la Quinta. Su restorán, de Melossi (el mismo del Gran Hotel de Concón) tenía unos corredores preciosos, donde se hacían grandes banquetes.
El almacén de Rossetti (padre de Juan Bautista Rosseti, quien fuera embajador y ministro) era otros de los atractivos.
Mi padre me llevaba, aunque yo era niño. Casi a diario iban Augusto D'Halmar, Juan Francisco González, Pedro Luna, Jenaro Prieto...
Entre las casas, algunas admiradas por su arquitectura, y otras eran tema de comentario por sus ocupantes.
Enorme y muy hermosa era la del coleccionista Grez, creo que la construyó en 1878, ahora ocupada por una escuela.
Frente a la plaza estaba el ornitólogo Klein, en el costado de Sotomayor, que tenía una enorme variedad de pájaros diversos; mi padre pintó en 1922 "La Casa del Pajarero" donde se ve tras la plaza. Ahí estaba Benjamín Talman, con su fábrica de cigarrillos "La Intimidad". El pintor Pedro Lira tenía su taller, maravilloso, en Maturana, donde estuvo después la Clínica Carolina Freire. Ahora hay un sitio eriazo.
En estado comatoso se encuentra la del artista Ernesto Molina, quien vivió muchos años fuera, pensionado con Valenzuela Puelma; rico, con colecciones de arte, volvió con una esposa italiana mucho menor, muy buenamoza, que lo envenenó ahí. También era hermosa la mujer de Valenzuela a quien éste pintó varias veces; él vivía frente a los Capuchinos, e hizo un cuadro muy hermoso de la iglesia vista desde su taller. Todos estos artistas e intelectuales visitaban con frecuencia el taller de Lattanzi Carrafa, entre ellos los escritores Víctor Domingo Silva y Sady Zañartu, los pintores Pedro Lira y Tomás Somerscales, el escultor Canut de Bon, y el periodista Carlos Silva Vildósola. Entonces el barrio era silencioso, y desde lejos se oían el castañero, el tortíllero, y los pitos de los carabineros anunciando alerta o tranquilidad. La iluminación pública era a gas.
Como a las cinco de la tarde pasaba el hombre que encendía los faroles, con una varilla que tenía azufre. También se oía el pitido de los trenes llegando a la Estación Yungay, que era, especialmente de noche, un sonido melancólico, romántico.
Temprano pasaba la policía de aseo, con sus carretones tirados por mulas y, curiosamente por algunas cebras. El gran día era la Fiesta del Roto Chileno, en la Plaza de Yungay.
Digna de un cuadro de Rugendas, de huasos con todos su aperos, carreras de ensacados, palo ensebado, retretas de las bandas de músicos... Todo muy colorido bajo los hermosos tilos, y con las principales autoridades.
Entre las demoliciones, en especial lamenta la de la casa del poeta Eusebio Lillo.
-Estuve en ella en 1942, y todavía conservaba sus lámparas a gas, cortinajes, alfombras, todo. Era una casa del siglo pasado con su decoración intacta. Y con buenos cuadros, porque Lillo tuvo una de las mejores pinacotecas de Chile. Ahora hay una escuela, de la que se robaron la placa que recordaba a Lillo.
Lattanzi ya no vive en el barrio. Pero debe ir uno de estos días:

Voy a llevar a mi nieto a la peluquería de monsieur Lavaud. La que fundó un francés en el siglo pasado continuada por su hijo; ahí le cortaron el pelo a mi abuelo, a mi padre, a mí y a mi hijo.
Por Miguel Laborde El Mercurio
5
LA HISTORIA SE ESCRIBE CON VINO
La influencia de la viticultura francesa fue clave para el desarrollo de esta actividad en nuestro país. No sólo se importaban sus mostos, sino también la elite terrateniente chilena introdujo tecnología y costumbres en torno al cultivo del vino. Tradicionalmente se presenta a Silvestre Ochagavía, como el precursor de la importación de cepas francesas, en 1850. Pero, ya en 1845, un francés de apellido Nourrichet, había introducido cepas de su país en la hacienda La Luisa , incorporada después a la Quinta Normal. En 1848, otro galo, Pierre Poutays, creó la viña La Aguada, la cual deja en 1856 para organizar la viña Santa Teresa. Algunas de las cepas que llegaron al Valle Central fueron Pinot, Cabernet, Merlot, Syrah y Sauvignon, para los Tintos. Semillon, Riesling y Moscatel para los blancos. Antecedentes históricos obtenidos del Annuaire de la colonie francaise au Chili de 1893, indican a J. Emilio Lavaud como Vigneron chez M. P. Poutays, a Alphonse Chevrière como Maitre de chá chez M.P. Poutays y a Pierre Poutays como Vigneron-propiètaire, en la zona de Molina Lontue. A Ochagavia se le considera parte de todo un movimiento vitivinícola al desarrollar las viñas del valle central. Los nuevos empresarios forman parte de los denominados "apellidos vinosos": Correa, Ossa, Concha y Toro, Urmeneta, Errázuriz, Tocornal, Cousiño, Subercaseaux, por nombrar a algunos. Muchos de ellos tomaron como actividad complementaria el cultivo de viñas ya que sus fortunas provenían de la minería, la banca o el comercio.

Entre 1860 y fines del siglo XIX, la filoxera invadió los parronales de Francia. Era un insecto que depositaba los huevos en las raíces de la viña. Gracias a las precauciones de los agricultores y el gobierno, Chile pudo eximirse de este mal.
sep
LA HISTORIA DEL MOULIN DE LAVAUD
Nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO , en 1999, Saint Emilion esta situada a 35 km . de Bordeaux, entre Libourne y Castillon la Bataille. Se alza orgullosamente sobre el lado norte del valle de la Dordoña y construida en forma de anfiteatro, se circunda de miles de Chateau que se pierden entre los viñedos de Pomerol y Lalande. Estos viñedos han producido vinos desde la época greco romana y son conocidos y apreciados en el mundo entero. Estos no son únicamente grandes vinos, son también una verdadera fuerza para la ciudad y las jurisdicciones. Trabajo duro, reglas drásticas y gran solidaridad han hecho el resto para garantizar a esta zona prosperidad e independencia en el curso de los siglos. Su vino corre por las venas de sus habitantes y hoy por hoy por los miles de turistas que quedan encantados con su historia, sus viñedos y su arquitectura medieval. Los vinos de Saint Emilion y Pomerol tienen cada uno su propia personalidad con matices, desde el más humilde, sin embargo lleno de sabor, al brebaje más prestigioso, envejecido en bodega durante largos años. De intenso color púrpura y aromas a grosella, frambuesa, mora e incluso vainilla o pan tostado para los más jóvenes; toques de olores a cuero o a caza para los mayores, que son también los más sólidos y los más poderosos.

Los Chateau y sus viñedos están arraigados a estas tierras por siglos, orgullosos de su historia y de los hombres que la han construido. Porque detrás del racimo más pequeño y violáceo o el nervio más fino de la hoja de la vid, se esconden un hombre, una familia y su historia. Así el Moulin de Lavaud, antigua viña y molino de la zona, aún produce sus vinos con denominación de Pomerol. Desde estos campos vino a Chile, en 1891, el viticultor Lavaud y su esposa Alice Lamothe, a trabajar en las viñas de Lontué Molina.

sep